image: Illustration representing population movements within the Southern Andes as a resilience strategy to face crises. Credit: Mauricio Álvarez - studio FIEL®
Credit: Credit: Mauricio Álvarez - studio FIEL®
Un nuevo estudio interdisciplinario publicado en Nature1 reconstruye más de 2.000 años de historia poblacional en el Valle de Uspallata (UV), en Mendoza, Argentina, un frente meridional de la expansión de la agricultura andina en tiempos antiguos, y aporta enseñanzas más amplias sobre cómo la agricultura moldeó a las sociedades y cómo las comunidades atravesaron sus crisis. Al combinar paleogenómica humana y de patógenos con análisis isotópicos, arqueología y registros paleoclimáticos –y en estrecha colaboración con comunidades indígenas Huarpes–, la investigación revela cómo en un primer momento fueron los cazadores-recolectores locales los que adoptaron la agricultura, y posteriormente, cómo agricultores intensivos de maíz en épocas mucho más recientes enfrentaron estreses múltiples y una prolongada caída demográfica. Los autores proponen que la movilidad basada en vínculos de parentesco y redes amplias de contacto habrían servido como mecanismos de resiliencia frente a la inestabilidad.
Una pregunta central en los estudios sobre la expansión de la agricultura es si ésta avanzó principalmente porque poblaciones agricultoras se desplazaron hacia nuevas regiones, o porque cazadores-recolectores locales adoptaron cultivos y técnicas por transmisión cultural. La arqueología por sí sola muchas veces no puede distinguir con confianza entre ambos escenarios, ya que los dos pueden dejar huellas materiales comparables. El Valle de Uspallata, en el margen sur de la expansión agrícola andina, ofrece un contexto clave para desentrañar estas alternativas, porque la agricultura llegó a esta región mucho más tarde que a los principales centros de domesticación de Sudamérica.
Este trabajo, liderado por la Unidad de Paleogenómica Microbiana (UPM) del Institut Pasteur, generó datos de ADN antiguo a escala genómica para 46 individuos –paleogenomas– que abarcan desde el período de cazadores-recolectores hasta poblaciones agrícolas posteriores. Los resultados revelan una fuerte continuidad genética entre los cazadores-recolectores (hace ~2.200 años) que vivían en la región antes de que se adoptara la agricultura y las poblaciones que vivieron más de un milenio después, cuando se expandió el cultivo de maíz, acompañado de otros cultivos menos dominantes.
El estudio también ayuda a comprender la historia poblacional de largo plazo en los Andes del sur. “Más allá de la historia local de Uspallata, estamos llenando un vacío en la diversidad genética humana de Sudamérica al documentar un componente genético que antes solo había sido sugerido a partir del análisis de poblaciones actuales2, y que ahora demuestra una divergencia muy antigua que persistió hasta hoy en día en la región”, explica Pierre Luisi, co-primer autor del estudio, investigador del CONICET (Argentina), quien inició este trabajo como posdoctorando en la UPM del Institut Pasteur (Francia). “La persistencia de este componente genético ancestral en poblaciones actuales tiene implicancias importantes, porque va en contra de relatos que sostienen la extinción de los descendientes indígenas en la región desde la conformación y expansión del Estado-nación argentino”.
Para reconstruir cómo vivían las personas, el equipo combinó los datos genéticos con señales químicas preservadas en huesos y dientes, conocidas como isótopos estables. Los isótopos de carbono y nitrógeno reflejan, en promedio, los tipos de alimentos consumidos a lo largo de la vida, mientras que los isótopos de estroncio reflejan el área donde una persona vivió y pueden indicar si se desplazó durante su vida. Estos análisis muestran que el consumo de maíz fluctuó a lo largo del tiempo en Uspallata, lo que sugiere una agricultura flexible y no una transición progresiva hacia una fuerte dependencia de la agricultura. Pero entre hace ~800 y 600 años atrás, el registro cuenta otra historia en un gran sitio funerario llamado Potrero Las Colonias: la mayoría de los individuos presenta señales de consumo de maíz excepcionalmente alto –entre los más elevados documentados para los Andes del sur– y de estroncio no locales, lo que indica que eran migrantes. ¿Quiénes eran estos agricultores no locales y de dónde provenían?
Los datos isotópicos y genéticos indican que estas migraciones ocurrieron dentro de un rango geográfico acotado, y no a través de desplazamientos de larga distancia desde regiones no relacionadas. Los migrantes eran genéticamente cercanos a los grupos locales; pertenecían a la misma metapoblación. Sin embargo, los análisis genómicos muestran que este grupo de migrantes atravesó una caída demográfica fuerte y sostenida en el tiempo (durante siglos), lo que sugiere una población en reducción bajo estrés persistente a lo largo de generaciones.
Múltiples líneas de evidencia indican que estos agricultores enfrentaron una crisis multidimensional. A una escala temporal amplia, los registros paleoclimáticos apuntan a una inestabilidad climática prolongada, que coincide con el declive demográfico. A escalas más cortas (la vida de personas), los esqueletos muestran marcadores compatibles con estrés nutricional en la infancia e infecciones. De hecho, el ADN antiguo reveló la presencia inequívoca de tuberculosis en el sitio, y la cepa detectada pertenece a un linaje descubierto con estas mismas técnicas en Sudamérica antes de la llegada de los Europeos3. Su presencia tan al sur de los contextos previamente documentados en Perú y Colombia4 plantea nuevas preguntas sobre las rutas de dispersión y las condiciones ecológicas que sostuvieron esta enfermedad infecciosa. “Detectar tuberculosis tan al sur en un contexto precontacto es impactante”, afirma Nicolás Rascovan, director de la Unidad de Paleogenómica Microbiana del Institut Pasteur. “Amplía el marco geográfico para entender cómo circuló la tuberculosis en América en el pasado y destaca el valor de integrar genómica de patógenos al estudiar la historia humana”.
Los análisis genómicos de parentesco agregan otra capa clave: muchos de los migrantes estaban estrechamente emparentados, pero no fueron enterrados al mismo tiempo, lo que es consistente con un movimiento sostenido, planificado y transgeneracional hacia Uspallata durante décadas. Una amplia red de parentesco encontrada se estructuraba principalmente a través de vínculos maternos y también se observó que una única línea mitocondrial (el ADN mitocondrial se transmite exclusivamente por línea materna) dominaba entre los migrantes, lo que sugiere un rol importante de las mujeres en mantener la continuidad familiar y organizar la movilidad. Cabe también destacar que en ningún sitio se encontraron evidencias de violencia y, en ocasiones, locales y migrantes fueron enterrados en contextos funerarios compartidos, lo que sugiere una convivencia pacífica entre grupos en la región.
En conjunto, estos hallazgos sugieren que la migración organizada en base a vínculos familiares fuertes funcionaron como estrategias de resiliencia durante un período de presiones superpuestas: inestabilidad ambiental, inseguridad alimentaria y enfermedad. “Ninguna comunidad agricultora abandona sus campos y hogares a la ligera”, sostiene el arqueólogo y co-primer autor Ramiro Barberena, investigador del CONICET. “Nuestros resultados son más consistentes con personas que se movieron por fuerza mayor, apoyándose en redes familiares para atravesar la crisis”. Barberena agrega: “Entender cómo se dieron estas transiciones y qué significaron para la demografía, la economía y la salud nos ayuda a comprender mejor los procesos que moldearon a las sociedades pasadas y actuales, y en definitiva, a pensar en riesgos y desafíos ligados a la emergencia climática y a las presiones demográficas”.
El estudio también se destaca por el valor ético e integrador de la investigación, la cual fue realizada junto a comunidades indígenas. Integrantes de comunidades huarpes participaron activamente a lo largo de todo el proyecto, contribuyeron a la interpretación y al encuadre narrativo, y tres de ellos co-firmaron el artículo (Claudia Herrera, Graciela Coz y Matías Candito). Reuniones periódicas con el equipo de investigación permitieron discutir permisos, incertidumbres y cómo se comunicarían los resultados. Una traducción al español con explicaciones para públicos no especializados acompaña el estudio para facilitar el acceso local.
“La arqueología y la paleogenómica no son neutrales cuando involucran a los ancestros de pueblos vivos”, afirma Rascovan. “Trabajar con las comunidades transforma a la ciencia: ayuda a definir mejor las preguntas que hacemos, cómo interpretamos la evidencia y cómo comunicamos lo que podemos –y lo que no podemos– concluir”.
En un plano más amplio, el estudio subraya que uno de los procesos más transformadores de la historia humana–la adopción de la agricultura– no siguió un único camino universal, sino trayectorias diversas, moldeadas por ambientes locales y diferentes modos de organización social. Al combinar genética, isótopos, arqueología, registros climáticos y evidencia de patógenos, este trabajo muestra cómo las comunidades del pasado enfrentaron presiones superpuestas de inestabilidad ambiental, estrés alimentario y enfermedades. Comprender cómo las personas atravesaron las crisis en el pasado–incluyendo el rol de los lazos familiares y las redes de cooperación– nos aporta una perspectiva más amplia para pensar la resiliencia frente a los desafíos climáticos y de salud del presente.
Journal
Nature
Method of Research
Experimental study
Subject of Research
Human tissue samples
Article Title
Local agricultural transition, crisis and migration in the Southern Andes
Article Publication Date
18-Mar-2026