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El comercio de fauna silvestre aumenta la transmisión de patógenos

Peer-Reviewed Publication

University of Lausanne

Un estudio realizado en el Departamento de Ecología y Evolución de la Universidad de Lausana cuantifica el impacto del comercio de fauna silvestre en el intercambio de patógenos entre animales y seres humanos. Fue publicado el 9 de abril de 2026 en la revista Science.

Erizos, elefantes, pangolines, osos o zorros fénec: numerosas especies silvestres se venden como animales de compañía, trofeos de caza, para la medicina tradicional, la investigación biomédica o por su carne o su piel. Estas prácticas, legales o ilegales, afectan a una cuarta parte de todas las especies de mamíferos.

El equipo de Cleo Bertelsmeier, profesora asociada del Departamento de Ecología y Evolución (DEE) de la Facultad de Biología y Medicina de la Universidad de Lausana, ha evaluado en detalle el rol del comercio internacional de fauna silvestre en la transmisión de agentes patógenos entre animales y humanos. Aunque esta relación parece evidente desde la aparición de la COVID-19  – recordemos que se señaló la venta de animales en el mercado de Wuhan como origen del brote –, «hasta ahora no se había realizado ninguna cuantificación precisa», explica Jérôme Gippet, primer autor del estudio publicado el 9 de abril de 2026 en Science.

Cuarenta años de datos comerciales analizados

El equipo cruzó cuarenta años de datos de importación y exportación de fauna silvestre, tanto legal como ilegal, con registros de relaciones huésped–patógeno. Sus análisis, realizados en colaboración con investigadores estadounidenses (Universidad de Yale, Universidad de Maryland y Universidad de Idaho), llegan al siguiente resultado: los mamíferos silvestres que se comercializan tienen 1,5 veces más probabilidades de compartir agentes infecciosos con los humanos que aquellos que no forman parte del comercio. “En otras palabras, estas especies tienen un 50% más de probabilidad de compartir al menos un virus, bacteria, hongo o parásito con nosotros.” Y eso no es todo: el riesgo es aún mayor cuando las especies se comercializan de forma ilegal o vivas (por ejemplo, como mascotas exóticas).

El hallazgo más destacado, según el equipo de investigación, es que “la duración de la presencia de un animal en el comercio desempeña un rol clave: de media, una especie comparte un patógeno adicional con los humanos por cada periodo de diez años que pasa en el mercado”, subraya Jérôme Gippet, antiguo investigador posdoctoral del DEE y actualmente en la Universidad de Friburgo.

Fauna silvestre en todas sus formas

El trabajo se centra en mamíferos silvestres, es decir, aquellos que no han sido domesticados y sobre los cuales los humanos no han ejercido selección, a diferencia de gatos, perros, vacas o camellos. Pueden ser individuos capturados en la naturaleza o criados en cautividad, por ejemplo para la producción de pieles. Esta categoría incluye también a las nuevas mascotas exóticas – zorros fénec, nutrias, erizos pigmeos africanos, gatos leopardo o petauros del azúcar, por citar solo algunos – cuya compra y venta se ve impulsada por su popularidad en las redes sociales. Los datos analizados abarcan tanto el comercio de ejemplares vivos como el de productos de origen animal (pieles, cueros, escamas, cuernos, etc.).

“Es importante entender que la probabilidad de infectarse tocando un piano con teclas de marfil o llevando un abrigo de piel es casi inexistente. El problema se sitúa al inicio de la cadena: alguien tuvo que cazar al animal, despellejarlo, transportarlo…”, explica Jérôme Gippet. “Así, aunque el peligro no sea inmediato, nuestras decisiones de consumo alimentan indirectamente el paso de patógenos hacia los humanos. Esto lleva a cuestionar nuestras prácticas de compra”, añade Cleo Bertelsmeier, directora del estudio.

En la intersección entre ecología y salud pública

El equipo de Cleo Bertelsmeier se interesó inicialmente por el comercio de fauna silvestre porque constituye una fuente de invasiones biológicas. Los individuos pueden escapar o ser liberados en la naturaleza y perjudicar a los ecosistemas locales. Pero esta actividad también puede tener otras dos consecuencias: en primer lugar, el riesgo de extinción de especies debido a la sobreexplotación de las poblaciones naturales; en segundo lugar, el riesgo de intercambio de patógenos con los humanos, en el centro de esta última publicación en Science, un fenómeno que puede dar lugar a epidemias e incluso pandemias. La Covid-19 es solo un ejemplo entre otros: en 2003, Estados Unidos se enfrentó, entre otros casos, a un brote de viruela del mono transmitido por perritos de la pradera vendidos como mascotas.

Reforzar la biovigilancia

Los resultados del estudio ponen de relieve la necesidad de mejorar la biovigilancia de los animales y de los productos de origen animal para detectar agentes infecciosos y evaluar su potencial de transmisión a los humanos. Actualmente, el principal acuerdo multilateral que regula el comercio internacional de especies silvestres, la CITES, se centra exclusivamente en la prevención de la extinción.

“Nuestra constatación de que los mamíferos silvestres comparten, de media, un patógeno adicional con los humanos por cada década de presencia en el mercado mundial subraya que el número de contactos desempeña un papel determinante. Para reducir la aparición de enfermedades, será necesario limitar estas oportunidades de encuentro y, por tanto, el volumen global del comercio”, afirma Jérôme Gippet.

“A mi juicio, nuestro trabajo muestra claramente cómo la investigación fundamental puede arrojar luz sobre cuestiones de salud pública. Ofrece elementos clave para comprender mejor la dinámica de las relaciones huésped–patógeno y prevenir futuras epidemias”, concluye Cleo Bertelsmeier.


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