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Las alteraciones neuroinmunitarias podrían tener un papel clave en la fibromialgia

Una revisión sistemática llevada a cabo por investigadores de la UB contribuye a entender la base biológica del trastorno y abre nuevas vías de investigación para mejorar su diagnóstico y tratamiento.

Peer-Reviewed Publication

University of Barcelona

Las alteraciones neuroinmunitarias podrían tener un papel clave en la fibromialgia

image: Los expertos Adela Fusté y Marçal Castán. view more 

Credit: UNIVERSIDAD DE BARCELONA

La fibromialgia es un trastorno complejo caracterizado principalmente por dolor crónico generalizado, fatiga y otros síntomas físicos y cognitivos. Aunque afecta a millones de personas en todo el mundo, todavía no se conocen del todo los mecanismos biológicos que hay detrás. Ahora, un estudio de la Universidad de Barcelona señala que las alteraciones neuroinmunitarias en el sistema nervioso central podrían tener un papel clave en el desarrollo y la evolución de esta enfermedad. Los resultados, basados en una revisión exhaustiva de la investigación reciente en este ámbito, contribuyen a superar la visión de la fibromialgia como una enfermedad únicamente subjetiva, pudiendo ayudar a abrir nuevas vías para el diagnóstico y el tratamiento de este trastorno.

«Estos hallazgos convergen en redes cerebrales implicadas en el procesamiento del dolor, la regulación emocional, la cognición y la conducta. Todo ello contribuye a avanzar hacia una comprensión más integrada y precisa del trastorno, coherente con una perspectiva biopsicosocial de la salud, que entiende la enfermedad como el resultado de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales», subrayan Marçal Castán y Adela Fusté, investigadores del Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Facultad de Psicología de la UB, y autores del artículo, publicado en línea en la revista Brain, Behavior, and Immunity.

En este sentido, Castán, que pertenece al Centro de Servicios de Psicología de la UB, y Fusté, que es miembro del Instituto de Neurociencias de la universidad (UBNeuro), remarcan que, si el sistema nervioso central y el sistema inmunitario se influyen mutuamente y trabajan de forma interconectada, factores como el sueño, el estrés, la actividad física, los hábitos de vida y el bienestar psicológico no deberían entenderse «como elementos complementarios en el tratamiento médico de la fibromialgia, sino como aspectos centrales de su abordaje». 

Las pistas biológicas de un trastorno complejo

El trabajo ha integrado estudios de neuroimagen y de expresión génica, análisis de líquido cefalorraquídeo y estudios celulares, una aproximación que ha permitido identificar un patrón consistente de alteraciones neuroinmunitarias, es decir, cambios en la forma en que el sistema nervioso y el sistema inmunitario se comunican y regulan mutuamente.

Entre los mecanismos identificados, destaca una posible activación de las células inmunitarias del cerebro, especialmente la microglía. También se han descrito cambios en los niveles de citocinas y otras moléculas inmunitarias en el líquido cefalorraquídeo de pacientes con fibromialgia, así como alteraciones en la expresión de genes relacionados con procesos inflamatorios. «En conjunto, sugieren un patrón de desregulación neuroinmunitaria que va más allá de una inflamación clásica y que implicaría tanto mecanismos que favorecen la inflamación como alteraciones en los mecanismos que la regulan», explican los investigadores de la UB.

Según los autores, la identificación de estos mecanismos también contribuye a reforzar la legitimidad médica de la fibromialgia, condición que históricamente ha sido «cuestionada, mal entendida y cargada de estigma», con un fuerte componente de género, ya que afecta aproximadamente tres veces más a las mujeres que a los hombres. «Aún hoy, muchas pacientes viven años de visitas médicas y derivaciones por el circuito asistencial antes de recibir un diagnóstico», subrayan Castán y Fusté.

Retos para el diagnóstico y el abordaje terapéutico

Los resultados del estudio podrían orientar la investigación hacia el desarrollo de biomarcadores más objetivos que, en el futuro, ayuden a mejorar el diagnóstico —actualmente basado en criterios clínicos— o identificar subgrupos de pacientes con perfiles biológicos diferenciados.

Desde el punto de vista terapéutico, estos hallazgos abren la puerta a explorar intervenciones dirigidas a los procesos neuroinmunitarios implicados en el dolor, la fatiga, el estado de ánimo y otros síntomas, tanto desde estrategias farmacológicas como desde un abordaje multidisciplinar. Sin embargo, los autores remarcan que se necesitan más estudios, especialmente longitudinales y traslacionales, para confirmar el papel de estos procesos y entender cómo evolucionan a lo largo del tiempo.

 

 

 


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