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Esta galleta comenzó su vida como una botella de plástico

Los microbios especializados transforman el material no comestible en refrigerios ricos en proteínas.

Reports and Proceedings

American Chemical Society

Esta galleta comenzó su vida como una botella de plástico

image: Para la fabricación de esta galleta, se emplean materiales vegetales de desecho y plástico; el producto en cuestión podría alimentar a seres humanos en cualquier lugar, desde submarinos hasta naves espaciales. view more 

Credit: SIU Carbondale Communications

CHICAGO, 24 de agosto de 2026 — El plástico puede ser el último ingrediente que incorporaría en una receta de galletas. Sin embargo, un equipo de investigadores está buscando un cambio. Han programado levaduras para convertir los residuos plásticos y agrícolas en proteínas comestibles y moléculas saborizantes, y crearon así una golosina a partir de la basura. La tecnología ofrece un nuevo método de suprarreciclaje y, además, podría mantener la vida en zonas de desastre o incluso en misiones al espacio sideral con seres humanos a bordo.

Los investigadores presentarán sus resultados en la reunión de otoño de la Sociedad Estadounidense de Química (American Chemical Society, ACS) durante el simposio “Investigación de pregrado y posgrado en bioquímica y biología química”, en McCormick Place. ACS Fall 2026 se celebra del 23 al 27 de agosto.

“Los microbios son muy inteligentes. Por ende, usamos sus características para resolver los problemas que creamos.” — Lahiru Jayakody

A medida que el mundo se enfrenta a la creciente contaminación por plásticos y a la creciente preocupación por la seguridad alimentaria, los investigadores buscan formas de convertir un problema en un medio para resolver el otro. Así, un equipo de la Universidad del Sur de Illinois (SIU) Carbondale ha puesto a prueba microbios para transformar los residuos plásticos en alimentos comestibles para los seres humanos. El trabajo se llevó adelante en el marco de un proyecto liderado por la NASA con el objetivo de crear alimentos para el entorno de exploración del espacio profundo, limitado en recursos.

“Intentábamos desarrollar tecnologías para el suprarreciclaje de plástico para convertirlo en productos de mayor valor. Y nos preguntamos lo siguiente: ¿por qué no centrarnos en hacer comida? Dado que el plástico es carbono y la comida es carbono”, explica el profesor adjunto Lahiru Jayakody.

Una de las formas más frecuentes de plástico es el tereftalato de polietileno (PET), un material que suele emplearse para producir botellas de agua y refrescos. El PET contiene moléculas con mucho carbono que se podrían reconstruir en algo parecido a una proteína. Y, si bien esa reconstrucción se podría llevar a cabo con reacciones químicas y disolventes en un laboratorio, una solución más sencilla y ecológica es externalizar el trabajo a los microbios. Jayakody añade el siguiente concepto: “Los microbios son muy inteligentes. Por ende, usamos sus características para resolver los problemas que creamos”.

Durante mucho tiempo, los científicos han usado microbios, incluida la levadura, como fábricas en miniatura para crear diversas moléculas. Por ejemplo, la insulina ya no se extrae de páncreas animales; ahora, la levadura se puede programar para producirla. De forma similar, Jayakody y la estudiante de posgrado Sandhya Jayasekara programaron una variedad de levaduras, incluida la levadura de panadero, para convertir las moléculas presentes en los desechos plásticos y agrícolas en proteínas, vitaminas y saborizantes.

Los investigadores tomaron plástico PET, tallos y hojas de la planta de maíz desechados y otra biomasa, y los sometieron a un proceso patentado llamado disolución hidrotérmica oxidativa. Este método, creado por el profesor de Geología de la SIU, Ken Anderson, se vale del agua y del oxígeno a alta temperatura y presión para descomponer material duro en piezas accesibles al microbio. Luego, esos fragmentos sirven de alimento para las levaduras programadas, que los convierten en una variedad de nuevos ingredientes alimentarios, como proteínas, grasas y ácidos. Por último, los investigadores agregan fibra, almidón y edulcorante a la mezcla, y luego la extruyen a través de una impresora 3D, para formar galletas ricas en proteínas denominadas µBites (que se pronuncian “microbites”).

Aunque los datos muestran que las µBites son seguras para su consumo, el equipo está a la espera de la aprobación institucional para realizar pruebas de sabor. Por ahora, las galletas han recibido calificaciones altas en aroma, y la mayoría de los participantes están de acuerdo en que estarían dispuestos a comerlas en situaciones con recursos limitados.

Para convertir las µBites en algo que los consumidores podrían elegir en circunstancias menos graves, Jayasekara creó levaduras que pueden producir más aditivos alimentarios. Ahora, la levadura de panadero puede producir saborizante de vainilla a partir de biomasa vegetal, mientras que una cepa diferente puede convertir el etilenglicol del PET en betacaroteno, que el cuerpo puede convertir en vitamina A. “Para fabricar esta galleta, utilizamos microbios y los convertimos en un producto más atractivo y amigable para el consumidor”, afirma Jayasekara.

En el futuro, Jayakody y su equipo esperan fabricar los ingredientes principales de las µBites con microbios, incluidos el almidón, la fibra y el edulcorante añadidos. También espera que las µBites estén listas para el consumo público dentro de unos años y se puedan usar en el planeta Tierra y en entornos más extremos, como submarinos o incluso colonias en la Luna o Marte. “Se espera que la demanda mundial de alimentos aumente entre un 35 y un 56 % para el año 2050, y alrededor del 30 % de la población mundial correrá riesgo de sufrir hambre en el futuro. La manera de abordar eso, creo, es usando microbios”, concluye.

La NASA Deep Space Food Challenge y una beca del National Science Foundation Faculty Early Career Development Program (CAREER) financiaron la investigación.

El lunes 24 de agosto, se publicará un video corto de Headline Science en YouTube sobre este tema. Los periodistas pueden acceder al video durante el período de embargo.

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Nota para los periodistas: Notifique que esta investigación se presentó en una reunión de la American Chemical Society. La ACS no realiza investigaciones

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Title
Engineered yeast consortia for converting plastic and biomass-derived compounds into valuable food additives

Abstract
With billions of people experiencing hunger in 2025 and unable to afford a healthy diet, food insecurity remains a critical global challenge. “µBites", originally developed for the NASA Deep Space Food Challenge, represents a novel way of producing nutritious food by converting plastic and plant waste into edible, protein-rich supplements. Beyond space travel, µBites could offer a promising solution to address both food shortage and plastic pollution simultaneously. We have previously demonstrated the successful 3D printing of edible, µBites protein cookies using plastic-derived substrates and yeast biomass. In this study, we demonstrate the enhancement of flavor, aroma, and color of these cookies using naturally produced ingredients by safe-to-eat yeast strains, Saccharomyces boulardii, S. cerevisiae, and Rhodosporidium toruloides. We engineered S. cerevisiae to produce vanillin, the compound that is responsible for vanilla flavor and aroma, from ferulic acid. Adaptive laboratory evolution of R. toruloides enhanced its utilization of ethylene glycol as a carbon source to produce β-carotene, a vitamin A precursor. We demonstrated the production of these ingredients from waste biomass and plastic-derived substrates and combined with the yeast-derived protein to produce nutritionally enhanced 3D-printed “µBites”. This project's outcomes will revolutionize the production of next-generation microbially derived food ingredients from waste organic carbon, contributing to a circular economy of plast


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