Con motivo del 250.º aniversario de Estados Unidos, una colección especial de la revista Science destaca los orígenes y la evolución de la actividad científica y de investigación del país.
A lo largo de tres Foros de Políticas, los autores ilustran cómo el progreso científico y tecnológico de Estados Unidos ha sido impulsado no solo por grandes descubrimientos e innovaciones, sino también por las políticas e instituciones que los han respaldado. Estos artículos ponen de relieve los cambios históricos en el gobierno, las universidades y la industria que han dado forma al panorama científico y de investigación de EE. UU., y subrayan que la colaboración continua entre estos sectores es esencial para el avance de la investigación científica y el desarrollo tecnológico.
Durante gran parte de la historia de Estados Unidos, el gobierno federal desempeñó un papel muy limitado en la financiación de la investigación científica. Sin embargo, en un Foro de Políticas firmado por Daniel Gross y Bhaven Sampat, los autores analizan cómo esto cambió radicalmente durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el Gobierno estableció colaboraciones sin precedentes con las universidades y la industria para acelerar la innovación en beneficio del esfuerzo bélico. Este éxito sentó, en última instancia, las bases de la actual actividad investigadora estadounidense, así como de la creación de una amplia red de organismos federales dedicados a la ciencia, como los NIH, la NSF y la NASA. El sistema que surgió tras la Segunda Guerra Mundial ha adquirido influencia a nivel mundial y sigue impulsando el progreso tecnológico, el crecimiento económico y la salud pública.
En otro Foro de Políticas, el rector de la Universidad Johns Hopkins, Ronald Daniels, destaca el papel de las universidades estadounidenses en la investigación del país. Según Daniels, gran parte del sistema de investigación estadounidense moderno tiene sus raíces en la transformación de las universidades de EE. UU. que tuvo lugar a finales del siglo XIX. El auge de la investigación avanzada a través de la formación de posgrado, impulsado por la inversión federal, convirtió rápidamente a EE. UU. en líder mundial en ciencia. El autor sostiene que los principios fundamentales de la competencia abierta, el mérito científico y la libertad académica siguen siendo esenciales y deben reforzarse en lugar de abandonarse.
El último Foro de Políticas subraya cómo la industria estadounidense ha contribuido a desarrollar la ciencia y la innovación en el país. Según Ashish Arora y Sharon Belenzon, la organización de la innovación estadounidense ha evolucionado desde el inventor solitario hasta un ecosistema colaborativo que conecta universidades, empresas emergentes y empresas consolidadas. Los primeros laboratorios de investigación industrial, impulsados por innovadores como Thomas Edison y ampliados posteriormente por las grandes empresas, integraron el descubrimiento científico con el desarrollo de productos y contribuyeron a impulsar muchos de los mayores avances tecnológicos del siglo XX. Con el paso del tiempo, sin embargo, las universidades se convirtieron en los principales motores de la investigación básica, mientras que las empresas emergentes financiadas por capital riesgo traducían cada vez más los descubrimientos en aplicaciones comerciales y las grandes empresas se centraban en su ampliación a gran escala.
El paquete también incluye una selección de seis ensayos breves de diversos autores que ponen de relieve el legado científico del país, tanto sus logros extraordinarios, como el programa espacial, como sus graves perjuicios, como el movimiento eugenésico. En conjunto, los ensayos ofrecen una perspectiva sobre cómo la ciencia ha moldeado y ha sido moldeada por la democracia, la equidad, la inversión pública y los valores en constante evolución de Estados Unidos.
En un editorial, el redactor jefe de Science, Holden Thorp, reflexiona sobre si la promesa del conocimiento y la educación que imaginaron los fundadores sigue viva hoy en día en Estados Unidos. «En lugar de seguir debatiendo el problema de la confianza pública en la educación superior y la ciencia, el semiquincentenario supone una oportunidad para que ambas instituciones reconozcan que los estadounidenses pueden sentirse decepcionados por el impacto de la educación superior y la ciencia en la sociedad, pero siguen creyendo que ambas pueden mejorar», escribe Thorp. «La comunidad científica puede reconocerlo comprometiéndose a cumplir lo que dice que puede hacer y estando a la altura de esas aspiraciones de una forma que esté rigurosamente documentada y que aporte beneficios a todos».
Journal
Science
Article Title
250 years of promise
Article Publication Date
2-Jul-2026