El seguimiento de los niveles de la proteína tau en la sangre puede predecir la evolución de las personas en proceso de recuperación tras un ictus, según un estudio exhaustivo en el que participaron más de 1200 pacientes. Los resultados sugieren que los marcadores basados en tau podrían superar a otros marcadores en la predicción de la gravedad de los ictus, allanando el camino hacia una prueba sanguínea fiable y eficaz que ayude a orientar la toma de decisiones clínicas. En la actualidad, los profesionales sanitarios diagnostican los ictus y toman decisiones terapéuticas basándose en técnicas de neuroimagen, como la resonancia magnética (RM). Aunque son precisas, estas técnicas no son idóneas para el seguimiento de las lesiones cerebrales, ya que solo ofrecen instantáneas puntuales y no pueden repetirse con facilidad. Un análisis de sangre sería mucho más práctico para la monitorización repetida de los pacientes, pero en la actualidad los investigadores carecen de marcadores sanguíneos fiables que reflejen el daño causado por un ictus. No obstante, investigaciones previas ya habían demostrado que los niveles de la proteína tau en sangre se correlacionan con ictus más graves. En este estudio, Naomi Vlegels y sus colaboradores realizaron un seguimiento de los niveles de proteína tau en 502 pacientes que habían sufrido un ictus. Para ello, utilizaron una prueba capaz de detectar BD-tau, un marcador sanguíneo de la proteína tau procedente del sistema nervioso, y analizaron muestras de sangre recogidas desde el día de ingreso hospitalario de los pacientes hasta el séptimo día de estancia. En conjunto, los pacientes que presentaron niveles más elevados de BD-tau en el momento del ingreso tendieron a mostrar lesiones cerebrales más graves tras el ictus, según lo evaluado mediante tomografía computarizada (TC). Estos pacientes también presentaron un mayor riesgo de eventos secundarios, como la recurrencia de ictus. Posteriormente, Vlegels y su equipo analizaron una segunda cohorte de 519 pacientes. Los investigadores observaron que, una vez más, BD-tau se correlacionaba con el daño cerebral causado por el ictus y predecía los resultados a largo plazo a los tres, 12 y 36 meses con mayor precisión que la RM. Por último, BD-tau mostró una capacidad predictiva similar en un tercer grupo de 193 pacientes incluidos en un ensayo clínico independiente. Los autores subrayan la necesidad de realizar estudios de mayor tamaño para establecer rangos de referencia, así como de desarrollar plataformas capaces de cuantificar BD-tau de forma rápida en entornos de atención clínica inmediata.