Una revisión narrativa revisada por pares, publicada en Brain Medicine, reúne antropología, historia de archivo y genómica comparada para reconsiderar qué hizo realmente la industrialización con el sueño humano. Los datos de campo de tres sociedades de cazadores-recolectores sitúan el sueño nocturno entre 6,4 y 7,1 horas, cifra igual o inferior a los promedios industrializados. El argumento se desplaza de la duración al horario, la regularidad y el alineamiento circadiano. La síntesis reexamina la hipótesis del sueño segmentado, sigue reguladores conservados como DEC2 y la hipocretina entre linajes, y revisa la evidencia de que ruido, luz, calor y vivienda reparten de forma desigual la salud del sueño. El sueño dividido sigue sin ponerse a prueba.