La dorada, una especie de interés pesquero que migra según las estaciones, no forma poblaciones locales independientes en el Mediterráneo noroccidental, sino una única población funcionalmente conectada a gran escala: los individuos pasan el verano alimentándose en las lagunas costeras del golfo de León y, cada otoño, realizan migraciones reproductivas de cientos de kilómetros a zonas comunes de puesta en mar abierto, principalmente en la región de Marsella, pero también en sectores de la costa catalana. Repiten este patrón año tras año.