En un estudio excepcional de varias décadas, los investigadores han documentado lo que parece ser la primera «guerra civil» observada entre chimpancés en estado salvaje. Los hallazgos demuestran que los cambios en los vínculos sociales, por sí solos, pueden fracturar un grupo anteriormente unido y desencadenar un conflicto prolongado y mortal entre antiguos aliados. En los seres humanos, la guerra y la violencia colectiva suelen explicarse por diferencias culturales que cohesionan a los grupos al tiempo que alimentan la hostilidad hacia los forasteros. Sin embargo, esta interpretación no explica plenamente los conflictos que surgen en comunidades previamente unificadas, como ocurre en rebeliones violentas o guerras civiles. Una explicación alternativa sostiene que los cambios en las relaciones sociales y las rivalidades locales, por sí solos, pueden fracturar los grupos y generar violencia. A pesar de carecer de sistemas culturales humanos, los chimpancés —uno de nuestros dos parientes vivos más cercanos— presentan formas de agresión organizada y violencia letal contra individuos que anteriormente formaban parte de su grupo. Sin embargo, las observaciones directas de estos fenómenos en poblaciones en estado salvaje han sido escasas.
Basándose en 30 años de observaciones conductuales y datos demográficos, Aaron Sandel y sus colegas describen una escisión permanente poco común y bien documentada, seguida de un conflicto letal, dentro del grupo de chimpancés Ngogo del Parque Nacional de Kibale (Uganda). Se estima que este tipo de eventos ocurren solo una vez cada 500 años. Según Sandel y su equipo, alrededor de 2015 la comunidad de chimpancés comenzó a dividirse rápidamente, pasando de un único grupo cohesionado a dos grupos claramente polarizados, una ruptura social acompañada de separación espacial y reproductiva. En 2018, la división ya era completa y duradera, sin vínculos remanentes entre ambos grupos. A medida que esta división se consolidaba, la agresión entre los grupos se intensificó. Tras la separación de 2018, uno de los grupos lanzó ataques sostenidos y coordinados contra el otro, marcando un claro paso hacia un conflicto letal entre antiguos miembros del mismo grupo. Estas incursiones provocaron la muerte de varios machos adultos y, a partir de 2021, se extendieron a episodios frecuentes de infanticidio, con una media de varias muertes al año. Los autores señalan que es probable que el número real de víctimas de esta violencia sea superior al observado, ya que muchos individuos desaparecieron sin causa aparente, lo que sugiere la existencia de ataques adicionales no registrados. Los chimpancés que durante mucho tiempo habían cooperado y establecido vínculos se volvieron unos contra otros tras la división, lo que indica que la identidad de grupo puede redefinirse más allá de la mera familiaridad. Sandel y su equipo sugieren que factores como un tamaño de grupo inusualmente grande, la competencia por los recursos y la reproducción, la muerte de individuos clave, los cambios en el liderazgo y las enfermedades pudieron desestabilizar los vínculos sociales y contribuir a la división. «Una escisión hostil entre chimpancés en estado salvaje recuerda el peligro que las divisiones grupales pueden suponer para las sociedades humanas», escribe James Brooks en una Perspective relacionada. «El estudio de Sandel y su equipo también refuerza la importancia de mantener los sitios de investigación de campo a largo plazo y de preservar las especies en peligro de extinción. Muchos avances científicos valiosos solo han sido posibles gracias al compromiso y la colaboración sostenida de quienes estudian y apoyan a estas especies en su entorno natural».