Los restos de africanos liberados de barcos negreros ilegales y enterrados en la isla de Santa Elena están aportando nuevos datos sobre la historia demográfica de la trata transatlántica de esclavos. Mediante la combinación de las huellas químicas conservadas en los dientes con el ADN antiguo y los registros históricos, un nuevo estudio reconstruye los orígenes geográficos y los desplazamientos durante la primera etapa de la vida de estas personas. Los hallazgos también aportan información a los debates locales sobre la memoria y la repatriación. La trata transatlántica de esclavos desplazó por la fuerza a más de 12,5 millones de africanos, pero los orígenes concretos y los viajes de muchas personas siguen sin conocerse bien. Después de que los británicos abolieran el comercio de esclavos en 1807, la Marina Real interceptó barcos negreros ilegales y llevó a muchos de los africanos liberados a la isla de Santa Elena. Sin embargo, casi un tercio de los que llegaron a la isla fallecieron poco después de desembarcar debido a la desnutrición y las enfermedades. Sus restos fueron redescubiertos durante unas excavaciones arqueológicas realizadas entre 2007 y 2008, lo que dio lugar a una iniciativa impulsada por la comunidad para comprender mejor y conmemorar sus vidas. Para profundizar en el conocimiento de esta población, Xueye Wang y sus colegas analizaron las huellas de isótopos de estroncio (87Sr/86Sr) presentes en los dientes de 152 africanos liberados enterrados en Santa Elena, combinando estos resultados con ADN antiguo y registros históricos para reconstruir con mayor precisión sus orígenes geográficos. Dado que el esmalte dental conserva rastros químicos del entorno geológico en el que una persona creció, estos isótopos pueden proporcionar pistas sobre los lugares de origen en la infancia y las historias migratorias. Wang y sus colegas descubrieron que estos individuos procedían de una amplia zona geográfica que se extendía desde la costa occidental de África Central hasta regiones mucho más alejadas del interior, incluyendo lugares de la actual Angola, Zimbabue y otras partes del sur de África. Es más, los autores encontraron pruebas directas de que algunos africanos esclavizados podrían haber sido trasladados a la fuerza años antes de embarcar en los barcos negreros transatlánticos. Aunque la mayoría de las personas permanecieron en la misma región durante su infancia, otras mostraban rastros químicos que indicaban desplazamientos, a menudo hacia los puertos costeros dedicados al comercio de esclavos, incluido un caso en el que un niño parece haber sido trasladado entre los siete y los nueve años. Wang y su equipo señalan que la combinación del análisis de isótopos de estroncio con pruebas genéticas e históricas permite identificar con mayor precisión las posibles tierras de origen de las personas desplazadas por la trata transatlántica de esclavos, lo que aporta información valiosa para los debates sobre la repatriación de restos humanos. Sin embargo, los resultados también ponen de relieve la complejidad de este tipo de decisiones, ya que es probable que muchas de estas personas procedieran de regiones muy distantes entre sí. En lugar de dictar dónde deben volver a enterrarse los restos, los autores sostienen que las pruebas científicas pueden respaldar decisiones fundamentadas y lideradas por la comunidad en materia de conmemoración, recuerdo y, en su caso, repatriación. En un artículo de Perspective relacionado, R. Alexander Bentley analiza los resultados con mayor detalle.