19-Mar-2026
Los seres humanos y los animales comparten preferencias sonoras, según un estudio de ciencia ciudadana
American Association for the Advancement of Science (AAAS)Peer-Reviewed Publication
¿Comparten los seres humanos el sentido de la belleza acústica con otros animales? Según un nuevo estudio, la respuesta podría ser afirmativa. En un experimento mundial de ciencia ciudadana, los investigadores demuestran que los seres humanos tienden a preferir muchos de los mismos sonidos animales que los propios animales; unos hallazgos que respaldan la idea defendida desde hace tiempo por Charles Darwin de que diferentes especies pueden compartir un «gusto por lo bello». En todo el reino animal, los animales emiten sonidos para comunicarse y atraer a sus parejas. Aunque las llamadas de apareamiento y los cantos varían dentro de una misma especie, quienes los escuchan suelen preferir ciertas variaciones sobre otras. Estas preferencias pueden deberse a sesgos sensoriales inherentes, a presiones evolutivas o a una combinación de ambos. Dado que la organización básica de los sistemas sensoriales es muy similar entre las especies, los sonidos diseñados para atraer a otros individuos de la misma especie, como el agradable canto de un pájaro, también pueden resultar atractivos para otras especies, incluidos los seres humanos —una teoría que Charles Darwin denominó «el gusto por lo bello». Sin embargo, la idea de que los seres humanos comparten preferencias estéticas similares en cuanto a los sonidos con otros animales no se ha comprobado de forma rigurosa.
Logan James y sus colegas llevaron a cabo un experimento global de ciencia ciudadana en el que 4196 participantes evaluaron 110 pares de sonidos de animales grabados de 16 especies. En cada par, estudios previos ya habían determinado qué sonido preferían los propios animales. Los participantes eligieron cuál de los dos sonidos emparejados les gustaba más, lo que permitió a los autores comparar las preferencias acústicas humanas con las de los animales. James y su equipo descubrieron que los seres humanos comparten ciertas preferencias acústicas con una amplia variedad de animales, incluidos insectos, ranas, aves y otros mamíferos. En general, los seres humanos tendían, más allá del azar, a preferir los mismos sonidos que los propios animales, y esta coincidencia se acentuaba cuando los animales mostraban preferencias más claras. Además, los seres humanos tendían a elegir los sonidos preferidos por los animales con mayor rapidez y de forma más repetida. En conjunto, estos hallazgos sugieren una coincidencia modesta pero constante entre los juicios estéticos humanos y las señales que utilizan los animales en la elección de pareja. Según los autores, es probable que las preferencias reflejen combinaciones complejas de señales, más que una sola propiedad, como el tono, el volumen o la duración. Sin embargo, los seres humanos mostraron una tendencia notable: preferían los sonidos de tono más grave. Los resultados también sugieren que ni la experiencia con los sonidos de los animales ni la formación musical aumentaron la coincidencia con las preferencias de los animales, aunque las personas que declararon escuchar más música a diario mostraron una coincidencia ligeramente mayor, posiblemente debido a una mayor atención auditiva y capacidad de discriminación.
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